miércoles, 20 de enero de 2016

Efemérides : Javier Heraud

19 de enero: ¿Qué pasó un día como hoy?

 

19 de enero de 1942 nace el poeta peruano Javier Heraud. Conoce aquí las efemérides del día.


**Nota de Galia Gálvez  publicado el 15 de Mayo de 2013, diario La Repúlica.

"Hace cincuenta años murió el poeta y guerrillero Javier Heraud acribillado en el río Madre de Dios. Alaín Elías y Víctor Zambrano recuerdan ahora ese hecho: el primero estaba junto al poeta, en la canoa, como compañero de la aventura guerrillera, y el segundo era un adolescente que miraba con estupor cómo miembros de la Guardia Republicana y la población disparaban contra el poeta que había escrito premonitariamente “Yo nunca me río/de la muerte./ Simplemente/ sucede que/ no tengo/ miedo/ de/ morir/ entre/ pájaros y árboles”.
En ese entonces, Víctor Zambrano, hoy periodista y defensor de la causa ecológica de Puerto Maldonado, era un adolescente de 17 años y como parte de la población que se hallaba conmocionada por el despliegue militar nunca antes visto en la ciudad, quería saber qué pasaba. De curioso se metió bajo la ribera del río Madre de Dios, y vio cómo dos jóvenes blancos, uno muy alto, ojeroso y otro que iba al mando, intentaban escapar en una canoa que no podían controlar, mientras balas de los dos frentes del río les llovían.
Al promediar las 10 de la mañana Javier y Elías, se encontraban apostados entre los árboles cuando súbitamente  cerca de ellos cayeron varios disparos. La policía los hacía retroceder. Desesperados escapan hacia un farallón junto al río. Se lo juegan todo: o se lanzan al río o se les va la vida. El Madre de Dios tiene 1,000  metros de ancho. 
“Para animarnos mutuamente entonces nos decimos ‘este río es suave’. Pero no, al caer en sus aguas sentimos lo contrario”, recuerda Elías.
La corriente de dentro es intensa y golpea. El calor se aviva en Puerto Maldonado y el contacto con el agua les produjo un estado electrizante. “Varias balas revientan muy cerca de nosotros”, detalla Alaín.
Nadan por sus vidas. En un momento, dice Zambrano, los brazos del joven poeta se agotan y se deja llevar por su compañero. Flota casi a la deriva sobre su bolso de cuero, extenuado. La policía ha entrado en lancha al río para cogerlos. La población, azuzada, también les dispara. Sienten la vibración que deja cada impacto en el agua. “Alaín es herido en el cuello y ya no puede remar”, recuerda el periodista.
Víctor Zambrano, desde su ubicación, observa que los jóvenes están dispuestos a rendirse y que piden a gritos que cesen los disparos. Observa cómo la canoa viaja a la deriva y que los chicos –él más alto– piden el cese del fuego y a ratos intenta contestar el ataque. “Remaban y remaban pero no podían hasta que la canoa a la deriva llegó a la mitad del río cerca de la desembocadura del río Tambopata”. Los muchachos ataron un polo blanco a uno de los remos en signo de paz.
Javier mira a su compañero como si estuviese a punto de saltar a un peñasco. Eleva despacio su arma y la pone sobre su sien. “No hay nada que hacer Alain; mira, la población también nos dispara…”. El poeta eleva el remo con el polo blanco atado, pero los disparos no cesan. “Alain, me han dado”. Una primera bala perfora la clavícula del joven poeta. “Échate”, le grita Alain. 
Un “Altooo… no disparen” se escucha desde el río. 
En el momento en que el poeta pide el cese, una bala  ‘dum dum’  perfora su espalda y le sale por el pecho, dejándole un boquete en forma de flor. Cae recostado y todo el fuego se centra sobre él. Alain piensa que Javier se ha desmayado. Al interior de la canoa el agua que se ha filtrado hasta la mitad está teñida de rojo y comienza a entintar el río. 
Una lancha de la Guardia  Republicana llega junto a ellos. “Todavía puede vivir”, piensa Alain, “aún respira”. El sol ciega. Un oficial intenta rematarlo, pero es detenido por su subalterno. Javier está callado, tiene 19 disparos en todo el cuerpo, casi la misma edad que posee. 
La población curiosa se agrupa a la orilla del río cuando los policías trasladan a los abatidos. La canoa es una tina de sangre. Javier y Alain son llevados en una frazada hasta una camioneta. Los pájaros empiezan a cantar junto al río, también rumor de árboles en el viento cuando ya los disparos han cesado. El poeta había entregado su vida por un ideal"  

El Río
                 1
 
    Yo soy un río,
    voy bajando por
    las piedras anchas,
    voy bajando por
    las rocas duras,
    por el sendero
    dibujado por el
    viento.
    Hay árboles a mi
    alrededor sombreados
    por la lluvia.
    Yo soy un río,
    bajo cada vez más
    furiosamente,
    más violentamente
    bajo
    cada vez que un
    puente me refleja
    en sus arcos.
    2     Yo soy un río
    un río
    un río
    cristalino en la
    mañana.
    A veces soy
    tierno y
    bondadoso. Me
    deslizo suavemente
    por los valles fértiles,
    doy de beber miles de veces
    al ganado, a la gente dócil.
    Los niños se me acercan de
    día,
    y
    de noche trémulos amantes
    apoyan sus ojos en los míos,
    y hunden sus brazos
    en la oscura claridad
    de mis aguas fantasmales.                      
 3     Yo soy el río.
    Pero a veces soy
    bravo
    y
    fuerte
    pero a veces
    no respeto ni a
    la vida ni a la
    muerte.
    Bajo por las
    atropelladas cascadas,
    bajo con furia y con
    rencor,
    golpeo contra las
    piedras más y más,
    las hago una
    a una pedazos
    interminables.
    Los animales
    huyen,
    huyen huyendo
    cuando me desbordo
    por los campos,
    cuando siembro de
    piedras pequeñas las
    laderas,
    cuando
    inundo
    las casas y los pastos,
    cuando
    inundo
    las puertas y sus
    corazones,
    los cuerpos y
    sus
    corazones.                  
4   Y es aquí cuando
    más me precipito
    Cuando puedo llegar
    a   los corazones,
    cuando puedo
    cogerlos por la
    sangre,
    cuando puedo
    mirarlos desde
    adentro.
    Y mi furia se
    torna apacible,
    y me vuelvo
    árbol,
    y me estanco
    como un  árbol,
    y me silencio
    como una piedra,
    y callo como una
    rosa sin espinas.                     
5   Yo soy un río.
    Yo soy el río
    eterno de la
    dicha. Ya siento
    las brisas cercanas,
    ya siento el viento
    en mis mejillas,
    y mi viaje a través
    de montes, ríos,
    lagos y praderas
    se torna inacabable.                          
 6   Yo soy el río que viaja en las riberas,
        árbol o piedra seca
    Yo soy el río que viaja en las orillas,
       puerta o corazón abierto
    Yo soy el río que viaja por los pastos,
       flor o rosa cortada
    Yo soy el río que viaja por las calles,
       tierra o cielo mojado
    Yo soy el río que viaja por los montes,
       roca o sal quemada
    Yo soy el río que viaja por las casas,
       mesa o silla colgada
    Yo soy el río que viaja dentro de los hombres,
        árbol  fruta
        rosa   piedra
        mesa corazón
        corazón y puerta
        retornados,                        
 7  Yo soy el río que canta
    al mediodía y a los
    hombres,
    que canta ante sus
    tumbas,
    el que vuelve su rostro
    ante los cauces sagrados.                        
8   Yo soy el río anochecido.
    Ya bajo por las hondas
    quebradas,
    por los ignotos pueblos
    olvidados,
    por las ciudades
    atestadas de público
    en las vitrinas.
    Yo soy el río
    ya voy por las praderas,
    hay árboles a mi alrededor
    cubiertos de palomas,
    los árboles cantan con
    el río,
    los árboles cantan
    con mi corazón de pájaro,
    los ríos cantan con mis
    brazos.                        
9   Llegará la hora
    en que tendré que
    desembocar en los
    océanos,
    que mezclar mis
    aguas limpias con sus
    aguas turbias,
    que tendré que
    silenciar mi canto
    luminoso,
    que tendré que acallar
    mis gritos furiosos al
    alba de todos los días,
    que clarear mis ojos
    con el mar.
    El día llegará,
    y en los mares inmensos
    no veré más mis campos
    fértiles,
    no veré mis árboles
    verdes,
    mi viento cercano,
    mi cielo claro,
    mi lago oscuro,
    mi sol,
    mis nubes,
    ni veré nada,
    nada,
    únicamente el
    cielo azul,
    inmenso,
    y   todo se disolverá en
    una llanura de agua,
    en donde un canto o un poema más
    sólo serán ríos pequeños que bajan,
    ríos caudalosos que bajan a juntarse
    en mis nuevas aguas luminosas,
    en mis nuevas
    aguas
    apagadas.                     

  Del poemario: "El Río". Lima. 1960.

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