miércoles, 17 de febrero de 2016

Protocolo de Kioto sobre cambio climático


La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), se suscribió en 1992, en lo que se conoció como la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro; el Protocolo de Kioto, adoptado el 11 de diciembre de 1997, vino a darle fuerza vinculante a la CMNUCC, y entró en vigor el 16 de febrero de 2005.

Objetivo del Protocolo de Kioto.-

Reducir las emisiones de seis gases de efecto invernadero (GEI) que causan el calentamiento global:

-      Dióxido de carbono (CO2).

-      Gas metano (CH4).

-      Óxido nitroso (N2O).

-      Hidrofluorocarburos (HFC).

-      Perfluorocarbonos (PFC).

-      Hexafluoruro de azufre (SF6).

 

Los tres últimos son gases industriales fluorados. En un cinco por ciento (5%), dentro del período de 2008 al 2012, teniendo como base las emisiones de 1990. Estamos en el Segundo Período de vigencia de dicho Protocolo de Kioto que va del 01 de enero de 2013 al 31 de diciembre de 2020.

Metas del Perú en cuanto al Cambio Climático.-

Nuestro país es un emisor menor en comparación con las economías más grandes, encabezadas por Estados Unidos y China, y se compromete a reducir las emisiones locales en seis sectores:

-      Transporte.

-      Energía.

-      Procesos industriales.

-      Agricultura.

-      Desechos y uso del suelo.

-      Cambio en el uso del suelo y silvicultura.

 

Éste último sector, que incluye el proceso de deforestación de nuestra Amazonía, es el principal trabajo pendiente y, de lejos, el mayor reto. Según el Tyndall Center de Inglaterra, somos el tercer país más vulnerable al cambio climático después de Bangladesh y Honduras. Por el momento, hemos perdido el 22% de superficie glaciar.

Convención Mundial de países más vulnerables.-

Qué tal ironía, los tres países más vulnerables, son emisores menores de GEI, y las naciones que producen mayores cantidades y no las reducen los GEI, no están dentro de los más vulnerables al cambio climático. Urge convocar a una Convención Mundial de países más vulnerables al cambio climático, y liderar la exigencia de una mejor atención a este delicado tema, por parte de los países más industrializados, pues está en juego la supervivencia del planeta.

Programa Nacional de Conservación de Bosques de Mitigación al Cambio Climático.-

Gustavo Suárez de Freitas, coordinador, señala “la principal causa de la deforestación es la tala y quema de bosques, originada casi en un 95% de los casos por la instalación de la agricultura”. También nos dice: “el mayor problema que enfrenta el reducir la deforestación es que el 47% de las tierras de la Amazonía no tienen derechos asignados, es decir, no pertenecen a nadie, así que son más fáciles de invadir y dejar sin árboles”. Al respecto es necesario se pronuncien y nos den a conocer qué proponen los candidatos a la Presidencia de la República, sobre este tópico no hemos escuchado ni leído nada.

Por debajo de los 2 grados centígrados.-

En el año 2015, los países han presentado sus compromisos de mitigación de GEI, se desea sean obligatorios y se cumplan. Los países desarrollados, son los principales generadores de los GEI, y son los que menos cumplen en reducirlos. Se necesita aproximadamente cien mil millones de dólares anuales hacia el 2020, para enfrentar los efectos negativos del cambio climático. La meta más importante es evitar que el calentamiento supere los dos grados a finales del siglo. 

 
Beto Lajo

martes, 16 de febrero de 2016

Para reflexionar


Rat Pack - Nunca delates a una rata


Frank Sinatra, Dean Martin, Lauren Bacall, Sammy Davis Jr., Judy Garland… Cine, música, teatro, dinero, fiestas, ‘glamour’. Y, sobre todo, amistad. Una sólida lealtad entre ellos. Ha pasado más de medio siglo, pero este grupo de ‘amos’ de Los Ángeles, que se autobautizó como Rat Pack, pandilla de ratas, aún simboliza lo ‘cool’. Un libro ha recopilado sus escenas más desconocidas.

 
Todo empezó por culpa de Humphrey Bogart. Cuando Frank Sinatra llegó a Hollywood a mediados de los años cincuenta, Bogart empezó a pensar mal de él casi inmediatamente. Lo consideraba un arribista, otro de esos aspirantes al trono que acudían a la ciudad en busca de fama y dinero y que no acostumbraban a conseguir ninguna de las dos cosas. Sin embargo, cuando el protagonista de Casablanca vio en directo por primera vez a Sinatra, algo cambió. La afición de ambos por el alcohol y la vida nocturna acabó de allanar el camino para el crooner, y al grupo se sumaron pronto Dean Martin y Judy Garland. Garland, una actriz capaz de resucitar cada seis meses, era otra de esas personas con alma de vampiro que gustaban de levantarse tarde y con resaca. Precisamente en una de esas noches en las que la intérprete de El mago de Oz se disfrazaba de ave Fénix, Sinatra organizó un convoy de autobuses (a los que se les había añadido un bar bien provisto) donde metió a todos sus amigotes. El objetivo era llenar de caras amigas el anfiteatro de Long Beach donde actuaba la Garland. Poco después Sinatra repitió y organizó un tren privado de famosos para ver a Noël Coward en Las Vegas.
Una de esas noches, en las que participaban personajes como Errol Flynn, David Niven, Debbie Reynolds, Tony Curtis y Janet Leigh, el grupo consumió tanto tabaco, alcohol y demás sustancias que al día siguiente una de las suites se convirtió en un reposado dormitorio/abrevadero donde todos yacían por los suelos. Allí fue donde entró Lauren Bacall, esposa en aquellos momentos de Bogart, y pronunció la famosa frase: “You look like a goddamn rat-pack” [parecéis una maldita pandilla de ratas]. La ocurrencia fue muy bien recibida por aquel grupo de bebedores impenitentes y pasó a la leyenda cuando, en una cena en el restaurante Romanoff de Los Ángeles (propiedad de Mike Romanoff, un falso ruso con grandes contactos en Hollywood) donde estaban todos los presentes de aquella fatídica noche, Bacall apareció en el comedor y soltó: “Veo que toda la pandilla de ratas está aquí”.
 
 
Allí mismo, el grupo acordó fundar una especie de sociedad secreta que se basaba en los principios de Bogart: 1. Hollywood apesta. 2. No te fíes nunca del jefe. 3. Bebe todo lo que puedas. 4. Ama la música como a ti mismo. En la primera fase de este grupo estaban un influyente agente artístico llamado Swifty Lazar, Bogart y Bacall, Sinatra, Judy Garland y su marido, Sid Luft, y el humorista Nathaniel Benchley. Su lema, escogido con suma presteza, era “Never rat on a rat” [nunca delates a una rata]. Un año después, en enero de 1957, Bogart moría de un cáncer de esófago y el grupo quedaba en manos de Frank. Lauren Bacall, enamorada de Sinatra, fue el último reducto de aquella sociedad secreta (revelada al gran público por el columnista Joe Hyams). El crooner quería que sus asociados representaran una América transversal, tanto en un sentido racial como profesional. Sus integrantes debían meter mano en todas las ollas posibles: televisión, teatro, música, cine. La política, y especialmente su truncada relación con JF Kennedy, llegaría después.
Al principio, Bogart no soportaba a Sinatra. Pronto les unió la noche y el alcohol
Graham Marsh se ríe al otro lado del teléfono. El mayor especialista del mundo en el Rat Pack ha sido el encargado de editar el impresionante volumen llamado simplemente The Rat Pack, publicado por Reel Art Press y coordinado por Tony Nourmand. Este último localizó centenares de fotos inéditas del grupo, y Marsh le puso letras a las fotos: “La gente siempre me pregunta qué sentí al ver todos esos negativos, y solo puedo decir que se me dibujó una sonrisa de oreja o oreja. Era un material alucinante, he visto todo lo que se puede ver del Rat Pack y aquello era extraordinario. Cuando uno se ha pasado media vida tratando de saber más cosas de esa época y cae en sus manos todo eso, es como si se produjera un milagro”, dice Marsh desde Nueva York. Después, preguntado por la permanencia en el recuerdo de este grupo, 50 años después, recupera la seriedad: “Esos tíos eran lo más; eran elegantes, divertidos, tenían toneladas de talento. No solo eso; supieron encontrar la manera de rentabilizarlo todo sin renunciar a su esencia. Piensa que cuando uno de ellos actuaba en algún sitio, ya fuera Sammy [Davis Jr.], Dean [Martin] o el propio Sinatra, todos los demás iban al teatro o auditorio en cuestión a apoyarle. Eso hacía que todos los promotores se pelearan por sus espectáculos y al mismo tiempo que el público se volviera loco, ya que pagaban por uno, pero sabían que tarde o temprano acabarían apareciendo todos”.
Las imágenes del volumen son, según su editor Tony Nourmand, “íntimas, familiares, como si fueras a casa de un colega y tomaras fotos con tu teléfono móvil. Eso es lo que las hace tan especiales”. Todo ello se combina con el glamour de los que en 1960 eran los amos del mundo: dominaban Hollywood, Broadway y Las Vegas, y en sus cuentas había tanto dinero que no sabían qué hacer con él. El libro también muestra instantes de la vida cotidiana de todos ellos, una vida de lujo dominada por una exquisita combinación en blanco y negro, con limusinas, mujeres hermosas, humo de tabaco y el mejor whisky. Un tiempo en el que Las Vegas aún era la ciudad del pecado, y Nueva York, un pozo sin fondo.


El Rat Pack como tal quedó al final compuesto por cinco figuras: Frank Sinatra, Joey Bishop, Dean Martin, Sammy Davis Jr. y Peter Lawford. De Sinatra ya se ha dicho todo, seguramente el crooner más delicioso que ha parido América, implacable hombre de negocios, siempre rodeado de lo mejor y lo peor de cada casa. Dean Martin fue más famoso para el público estadounidense que el mismísimo Sinatra: su show televisivo le convirtió en un rostro familiar para el americano medio. Martin, un hombre grande, elegante y con carisma, sedujo a Sinatra casi al instante, y su dúo cómico con Jerry Lewis (que acabó como el rosario de la aurora) le hizo un tipo inmensamente rico. Además, aquel italiano de zapatos lustrosos era otro especialista en actividades nocturnas, un cínico que sentía un enorme desprecio por la autoridad. Por todo ello, Martin acabó convirtiéndose en el mejor amigo de Frank, además de su robusta mano derecha, un compañero que, a diferencia de todos los demás, podía aguantar la personalidad del cantante sin sentir que su sombra le nublaba los sentidos.
Dos de sus principios: no te fíes nunca del jefe y ama la música como a ti mismo
Sammy Davis Jr. completaba el núcleo duro de aquella particular agrupación de famosos. Era un hombre hecho a sí mismo, nacido en los suburbios, maltratado por el racismo imperante en la época, condenado a viajar en los asientos “para negros”, pero dotado de una gigantesca fuerza de voluntad. Sinatra se lo llevó de gira y se encariñó con aquel joven bajito y de carcajada contagiosa. Davis Jr. se convirtió entonces en uno de los estandartes de la América progresista, la que luchaba por los derechos civiles y cuyo eje basculaba entre las costas Este y Oeste. Sin embargo, cuando mejor estaban poniéndose las cosas para él, sufrió un terrible accidente de coche. Perdió un ojo y tardó semanas en recuperarse. Cuando salió del hospital, sus colegas le esperaban (junto con otros voluntarios, como Marilyn Monroe) todos con un parche en el ojo y muchas ganas de cachondeo. David Jr. se recuperó de sus heridas, apechugó con su pérdida de visión y volvió a ser el de siempre, pero gran parte de ello se debió al apoyo de su cuadrilla: unos tipos que nunca te dejaban tirado.
Los otros dos miembros de aquella familia eran más como el suegro y el cuñado que como dos hermanos. Joey Bishop nunca perdía los nervios, no salía de noche y servía de contrapunto a los instintos salvajes del grupo. No era especialmente brillante en ningún sentido, a pesar de que funcionaba bien en la televisión y era una persona muy querida. Su presencia en el Rat Pack respondía a su condición de calmante instantáneo cuando los ánimos se caldeaban demasiado. La inclusión de Peter Lawford en un círculo tan privado se debía a la obsesión de Sinatra por la política. Lawford era íntimo de los Kennedy y sirvió de intermediario para cerrar la participación del quinteto en la campaña del Partido Demócrata que llevó a John Fitzgerald Kennedy a la Casa Blanca en 1960. Cuando en 1963 Sinatra se ofreció a hospedar al presidente en sus vacaciones, su hermano Robert Kennedy le advirtió de los lazos que unían al cantante con la mafia. JFK canceló la visita, y Sinatra, enfurecido, le echó la culpa a Lawford de todo lo que había sucedido. La muerte de Marilyn (de quien la leyenda dice que llamó a Lawford justo antes de fallecer) acabó de hundir su relación y, de paso, el Rat Pack.
"Fueron lo más 'cool' porque vivían pensando que mañana podía ser aún mejor que hoy"
“El Rat Pack encarnaba los valores de una época en la que el mundo no había perdido aún su inocencia. Antes del asesinato de JFK o de Martin Luther King, antes de que Hollywood se convirtiera en un negocio y las estrellas tuvieran que vivir recluidas en casa. Ellos sonreían, viajaban, eran ricos y guapos, hacían lo que les daba la gana, ¿quién no hubiera querido ser como ellos? Por eso seguimos vistiéndonos como ellos, y nos parecen la generación más cool que jamás haya pisado el planeta, porque vivían para divertirse, como si el mañana fuera a ser aún mejor que el hoy. Por eso nunca habrá otro Rat Pack: porque esos tipos son irrepetibles”, relata Marsh, “porque el mundo ya no es como ellos querían que fuera”.

¡Ay mísero de mí...! - Pedro Calderón de la Barca


[Soliloquio: Fragmento de La vida es sueño]
 
¡Ay mísero de mí, y ay, infelice!  Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido.
Bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor;
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.

Sólo quisiera saber
para apurar mis desvelos
(dejando a una parte, cielos,
el delito de nacer),
qué más os pude ofender
para castigarme más.
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
qué yo no gocé jamás?

Nace el ave, y con las galas
que le dan belleza suma,
apenas es flor de pluma
o ramillete con alas,
cuando las etéreas salas
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que deja en calma;
¿y teniendo yo más alma,
tengo menos libertad?

Nace el bruto, y con la piel
que dibujan manchas bellas,
apenas signo es de estrellas
(gracias al docto pincel),
cuando, atrevida y crüel
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto;
¿y yo, con mejor instinto,
tengo menos libertad?

Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas, bajel de escamas,
sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira,
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío;
¿y yo, con más albedrío,
tengo menos libertad?

Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata,
y apenas, sierpe de plata,
entre las flores se quiebra,
cuando músico celebra
de las flores la piedad
que le dan la majestad
del campo abierto a su huida;
¿y teniendo yo más vida
tengo menos libertad?

En llegando a esta pasión,
un volcán, un Etna hecho,
quisiera sacar del pecho
pedazos del corazón.
¿Qué ley, justicia o razón,
negar a los hombres sabe
privilegio tan süave,
excepción tan principal,
que Dios le ha dado a un cristal,
a un pez, a un bruto y a un ave?

Doña Nelly Larrea viuda de Yúgar


A la espera de la anfitriona, en la sala de su acogedora casa, que guarda testimonios valiosos de una época del aprismo y de la política arequipeña y peruana.

Tres compañeros y los tres mollendinos: Antonio La Torre Luna (Relacionista Industrial y Periodista, viejo aprista, admirablemente, en actividad partidaria, no obstante, sus siete décadas); Carlos Rodríguez E. (Abogado, Fotógrafo profesional y apasionado, ex Redactor del diario La República); y mi persona. Fuimos a visitar (15 de febrero de 2016) a Doña Nelly Larrea Viuda de Yúgar, esposa del gran líder, respetado oftalmólogo y prestigiado político, también mollendino, y aprista a carta cabal: Pedro Yúgar Gallegos.

Los grandes del Aprismo.-

Doña Nelly, de 86 años de edad acercándose a los 87, de muy buena memoria y lucidez, nos contó de las visitas que hacían a Arequipa: Víctor Raúl, Luís Alberto Sánchez, Ramiro Prialé, Armando Villanueva –en activismo político, proselitismo doctrinario y campaña electoral-, siendo acogidos en la casa de la familia aprista Yúgar – Larrea; a dónde también llegaban Carlos Roca Cáceres, Alan García, Pilar Nores y otros militantes del Aprismo, en los años sesenta, setenta y ochenta; antes que el APRA llegue al Poder, y antes que sean altos funcionarios públicos del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo. Relató anécdotas, comprometiéndose a escribirlas en el género literario de Memorias.

Añorando la fraternidad aprista.-

Doña Nelly, hizo referencias a cómo era y fue la fraternidad aprista, cultivada por los fundadores y forjadores del Aprismo, en todo el país. En una ocasión, llevó al cine a sus hijos y a los hijos de apellido Tejada, más o menos diez niños, al comprar las entradas, salió el propietario que resultó ser compañero, y dispuso el ingreso sin abonar las mismas –pese a la insistencia de Doña Nelly en pagarlas por el número de espectadores-, la respuesta fue: “Ud. ni los niños van a pagar”; luego adquirieron algunos chocolates, nuevamente el c. propietario, dio la orden al encargado de las ventas de no cobrar; Doña Nelly –muy delicada, quiso devolver las golosinas, cosa que no pudo, una, porque los niños ya las saborearon, y otro, porque el c. manifestó ser su cariño y aprecio. Al término del espectáculo cinematográfico, Doña Nelly, se dirigió a la Pastelería La Lucha en calle Rivero, estaba comprando los ricos pasteles, cuando aparece el compañero Yleano Acosta, convirtiendo la compra, en una gentil invitación de él a los niños. Es importante destacar que, el c. Yleano, también nació en Mollendo.

La inocente ocurrencia del niño Tejada.-

Estos hechos, era atentamente observado por uno de los niños Tejada; cuando llegaron a la casa de los Tejada, el niño observador con entusiasmo le contó a su progenitora: “mamá, te voy a dar un consejo, cuando salgas, hazlo con la Sra. Nelly, porque a donde va, no le cobran nada”. Lo que fue celebrado con alegría.

Pendiente una fraternal invitación.-

La sencillez y amabilidad de Doña Nelly, siempre puesta de manifiesto, en toda su vida, en la visita frecuentemente, nos ofrecía un tecito, cafecito o gaseosa. Finalmente, hemos aceptado la invitación de un almuerzo, para un sábado, inquiriéndonos ¿qué nos gustaría servirnos? Así fue el Aprismo, fraterno, una familia. La Doctora Martha Hildebrandt, destacadísima Lingüista, en uno de sus comentarios, escribió: “los apristas crearon la palabra FRATERNALMENTE” (resaltado nuestro).

Beto Lajo

 

 

lunes, 15 de febrero de 2016

Periódico de ayer - Héctor Lavoe El sonero maldito




 Héctor Lavoe no era un profesional modélico. Según aumentó su fama, perdió fiabilidad sobre el escenario: llegaba tarde o no aparecía para los conciertos. Lavoe publicó una canción humorística sobre sus costumbres, El rey de la puntualidad.
En los años ochenta, muchas de las actuaciones del salsero tendieron hacia lo catastrófico. Se le vio malvendiendo su talento en los intermedios de espectáculos deportivos, en programas infames de televisiones suramericanas. Necesitaba dinero fresco y se apuntaba a un bombardeo. Vamos a decirlo suavemente: la discográfica que editaba sus éxitos, Fania, no era diligente para pagar royalties; como todos sus compañeros de sello, Héctor vivía de los directos. Y su música, que requería grandes formaciones instrumentales, no permitía ganancias millonarias.
Lo inseguro de sus directos terminó espantando a su público potencial. En junio de 1988 se presentaba en un coliseo de Bayamón, en su Puerto Rico natal. Se vendieron menos de trescientas entradas, y el promotor, Ralph Mercado, hombre fuerte de la salsa, decidió suspender el concierto. Lavoe, que no quería decepcionar a sus compatriotas, salió a cantar; le cortaron la corriente. Se lo tomó mal, muy mal. Al día siguiente se tiró desde la novena planta de su hotel. Sobrevivió, pero quedó quebrado.


Ése y otros desastres de Héctor pueden tener explicaciones sencillas: se hacen muchos disparates bajo los efectos de las drogas. Y el cantante era politoxicómano: consumía medicamentos peligrosos, pero también cocaína y heroína en grandes cantidades. En tiempos dorados tuvo de lo mejor. Cuando llegaron las vacas flacas tuvo que salir a la calle e incluso compartió jeringuillas con otros desdichados en las shooting galleries, edificios abandonados donde se juntaban para inyectarse los yonquis más tirados.
Un aviso: todo lo que rodea la vida oscura de Héctor es nebuloso, suena a exageración, acepta rumores contradictorios. Desapareció durante unos meses en 1978 y se aseguró que acudió a desintoxicarse a una clínica madrileña. La versión alternativa parece más probable: convencido de que alguien había encargado un trabajo de brujería contra él, acudió a un babalao (sacerdote de santería) para que le hiciera una limpieza; el tratamiento le mantuvo una temporada lejos de las calles.
Las reglas no escritas de la música latina también contribuyeron a la confusión: el grado de hipocresía era monumental. Por supuesto, en la salsa se ocultaba el uso de drogas, nada de guiños o alardes al estilo de los rockeros. Tampoco se reconocía abiertamente la creencia en la religión afrocubana. "Cosas de negros", se aseguraba, aunque figuras igual de blancas que Héctor fueran devotas de Changó y compañía. Digamos que Lavoe jugaba a dos bandas. Su primer elepé en solitario (La voz, 1975) se abría con un saludo a Jesucristo, El todopoderoso; cuatro temas más adelante estaba una vibrante canción santera, Rompe Saragüey.
En la práctica, todas esas debilidades y ambigüedades llegaban a los oídos del público de Héctor vía radio bemba (el boca a boca). Y aun así, todo se le disculpaba. Primero, por su arte. Cantaba con un sabor que revelaba su autenticidad popular, pero con una dicción muy clara. Era magistral como sonero, es decir, como improvisador en la excitada coda que corona un tema salsero. Lavoe tenía chispa y labia (a veces demasiada, si hemos de creer las historias de espectadores irritados que terminaron agrediéndole). Cultivaba el carisma del bravo de barrio, aunque lo suyo tenía más de vacile que de dureza genuina.
Ésa era la herencia de sus años con Willie Colón, el director de orquesta que le descubrió en 1967. Frente a la almidonada presencia de las estrellas latinas, habituadas al esmoquin y la pajarita, la pareja Colón-Lavoe jugaba con la estética del malandro. Se vestían de mafiosos o penados, bautizaban sus discos con títulos agresivos como El malo, Cosa nuestra, La gran fuga, El juicio o Lo mato si no compra este LP. Una arrogancia que justificaban con la fiereza de su música, potenciada por sus trombones y su internacionalismo: aunque ambos tenían sangre puertorriqueña, añadieron ritmos brasileños, melodías africanas, aires panameños. Encarnaban la salsa en su vertiente más cosmopolita (¡y salvaje!). Que no se olvide que, en su etapa de esplendor, esa música reflejaba los anhelos de la minoría hispánica en Nueva York, que abandonaba la invisibilidad y exigía sus derechos políticos.
Pero la pareja bandolera se rompió. Es uno de los grandes misterios de la historia de la salsa: en 1974, Colón le entregó su banda, llave en mano, y Lavoe pudo volar en solitario. No fue una ruptura personal: Willie siguió funcionando como su productor, aunque para sus propios discos prefirió trabajar con un talento emergente, el compositor y cantante Rubén Blades, que acentuó su faceta de crítica social. La de Willie y Héctor fue una relación rara, no aclarada por los textos atormentados, llenos de reproches y golpes de pecho, que Colón publicó tras la muerte de su protegido. No llegaba a reconocer lo elemental: que se puede admirar a un artista maldito, pero otro asunto es convivir profesionalmente con él.
¿Qué veían las masas latinas en Lavoe? En el caso de los puertorriqueños había una identificación con su trayectoria. Sabían que era muy jíbaro: Héctor Juan Pérez había nacido en Ponce en 1946, emigró a Estados Unidos con 17 años. Había demostrado precocidad musical, pero fue estudiante inquieto en el conservatorio, impaciente ante profesores que querían limar sus aristas y modelarle como cantante romántico. La forja del rebelde: para dejar la isla debió romper con su padre, que era músico, pero recordaba que otro hijo fue a Nueva York y murió de sobredosis; el réprobo se refugió en la casa de su hermana, en el Bronx.
Con la fama, todo lo que rodeaba a Héctor adquirió perfiles de culebrón. Gran seductor, en 1968 llegó su primer hijo, fruto de la relación con Carmen Castro. Se supone que, el mismo día que bautizaba al crío, otra mujer le informó de que también ella estaba embarazada. Esta segunda novia, Nilda Román, se convertiría en su esposa, después de hacerle jurar que cortaría su relación con Carmen y su criatura. La Román entraría en la leyenda como Puchi, la compañera de días felices y años terribles.
 
La caída de Lavoe a los abismos estuvo acelerada por una racha de mala suerte que supera la imaginación de cualquier escritor de telenovelas. Hubo una fugaz reconciliación con su padre, inmediatamente eclipsada por una serie de desgracias familiares. La más dura fue la muerte del hijo que había tenido con Puchi, víctima de un disparo accidental. Su casa en Queens se quemó, y él quedó herido. Le diagnosticaron la presencia del virus del sida.
Todo se conjuró para dar verosimilitud a su creación más famosa. Obra de Rubén Blades, El cantante es una vuelta de tuerca sobre el tópico del entretenedor que debe tragarse sus miserias íntimas cuando se encienden los focos. Sonaba a autobiografía, aunque muchos otros artistas la han hecho suya: Andrés Calamaro la recuperó y dio título a su disco de reaparición de 2004, tras su propia temporada en los infiernos.
La agonía de Lavoe fue prolongada. Hay relatos terribles que le presentan como una piltrafa, un zombi al que había que vestir y alimentar. Incapaz de dar conciertos completos, volvió a integrarse en Fania All-Stars, la bulliciosa agrupación estelar con la que recorrió el mundo, desde La Habana hasta Kinshasa. Allí sólo tenía que cantar algún tema, pero incluso eso suponía demasiado esfuerzo. El momento terrible ocurrió en Nueva Jersey en 1990: cuando le tocaba interpretar su triunfal Mi gente fue incapaz de emitir un sonido.
Prácticamente, allí acabó su vida pública. La última aparición fue en un concierto en Manhattan, destinado a recaudar fondos para sus necesidades médicas: no pudo cantar. Unos meses después, en junio de 1993, sucumbió a una crisis cardiaca. El entierro resultó tan caótico como sus peores conciertos. "Murió en la miseria", proclamaban los titulares. Tocada su fibra sensible, miles y miles de neoyorquinos acudieron a despedirle. Hubo enfrentamientos, embotellamientos, masas histéricas que le acompañaron hasta un cementerio del Bronx.
En los años finales, Lavoe llegó a vivir abandonado por todos: hasta Puchi se alejó, indignada por su afán autodestructivo. Un percusionista, David Lugo, se ocupó finalmente de él. Lo que parecía un gesto hermoso se enturbió tras el sepelio. Lugo presentó un documento notarial en el que Lavoe le convertía en su albacea, con poderes para gestionar una fundación que combatiría el sida, ayudaría a músicos jóvenes... Castillos en el aire, ya que el cantante estaba en números rojos. Una situación que no se iba a remediar con las ventas póstumas de sus discos: Fania mantenía la costumbre de no pagar a sus artistas. Aún más humillante: la discográfica rescató grabaciones incompletas de Héctor y Willie Colón insertando la voz de un admirador, Van Lester.
Puchi impugnó aquel dudoso testamento y peleó por mantener la memoria de Héctor. Consiguió resultados: de hecho, hay una segunda película sobre Lavoe en marcha, The singer, impulsada por La India, notable artista salsera. 
Pones ahora sus discos o ves los vídeos con Fania All-Stars y es como una explosión de ritmos, algo desbordante. Supuso algo más que un punto álgido de la música latina: tipos como Miles Davis iban a sus conciertos, sabían que aquello era lo más caliente del momento".
 

Fe, unión, disciplina y acción


Manuel Arévalo, mártir aprista de la democracia, la libertad y justicia social, es el creador de las palabras de orden del Aprismo: “FE, UNIÓN, DISCIPLINA Y ACCIÓN”, voz que brotó, no en una velada de bohemia ni de una clase de retórica abstracta, sino, como expresión consciente y colectiva, de una militancia mística, fraterna, doctrinaria y dinámica, que le dio al país, la estructuración del Primer Partido de las clases explotadas por el imperialismo y la oligarquía, por ende, de la Nación Peruana; de la aspiración de un pueblo, a quién Víctor Raúl -con su ejemplo de consecuencia, austeridad, pedagogía y activismo- rescató de la resignación vergonzosa, de la voracidad de los comerciantes de la política, y de la manipulación de los falsos revolucionarios. Dándole un objetivo, hacer realidad el Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; y una meta, hacer del Perú un país, libre, justo y culto.

Torturado y asesinado por la derecha antipatriota.-

Connotado dirigente sindical, líder de la resistencia aprista del norte, escogido por Haya de la Torre para la sucesión en la Jefatura del Partido Aprista, elegido congresista-constituyente en 1931 –al desatarse la feroz persecución del nerónico Sánchez Cerro, el 15 de febrero de 1932-, junto con los demás parlamentarios apristas, fue arbitrariamente desaforado y desterrado a Colombia, Panamá y Ecuador, de donde retornó clandestinamente en 1933. Años después, en el fragor de la lucha y debido a una traición (1937), los sicarios de la brigada política de la tiranía de Oscar R. Benavides, lo capturaron. Lo sometieron a las torturas más salvajes, le metieron los dedos de las manos a los goznes de una puerta, la cual al cerrarla le reventaron las falanges, en las noches lo llevaban a las históricas ruinas de Chan Chan, simulando un fusilamiento para amedrentarlo y le punzaban su cuerpo con las puntas de las bayonetas; a pesar de estas perversidades no le arrancaron ninguna delación de la organización partidaria ni del escondite del Jefe del Aprismo. En automóvil lo condujeron rumbo a Lima, en el sector de Colorado Chico, entre Huarmey y Pativilca, le aplicaron la “ley fuga”, lo asesinaron a sangre fría, el 15 de febrero de 1937.

La revelación de Haya.-

Víctor Raúl en Lima, el 22 de febrero (su cumpleaños) días después del martirologio de Arévalo, tuvo una revelación del mártir: “En sueños o en realidad, de súbito salí de mi cama y fui hasta la ventana… Aquella madrugada vi afuera perfectamente definida, la figura maltrecha del pobre Manuel Arévalo. Tenía los zapatos enlodados, la corbata en desorden, el traje azul oscuro con la traza de quien ha sido duramente maltratado. Fui sin vacilar a la puerta y la abrí. ‘¡Te mataron, Manuel! –le dije- ¿Cómo es la muerte? ¿Sufriste mucho?’ Él me miraba siempre con sus ojos tristes de mártir. Con su sonrisa melancólica y serena me respondió: ‘No hablemos de eso. Ya pasó…¡Ya pasó! Vengo a hablarte de ti, que estás vivo, y a decirte que no te pasará nada, nada. Puedes estar seguro. Me abrazó, como tantas veces me había abrazado, y partió. Yo volví a mi lecho. …Permanecí en mi guarida, lleno de confianza en el mensaje ultraterreno de Manuel. Y a las diez de aquella noche alguien vino a buscarme y me condujo a un lugar seguro… Después he estado en peligro de detención y de muerte infinitas veces. El anuncio de Arévalo, hasta ahora, se ha cumplido” (Historia del APRA de Percy Murillo Garaycochea, pág. 376).

Artífice de “Pueblo-Continente”.-

El libro cumbre “Pueblo Continente” del filósofo y amauta Antenor Orrego, fue mecanografiado por Manuel Arévalo, por eso la Ofrenda: “Se gestaron y nacieron estas páginas en un ambiente desgarrado de odio acerbo y de amor efusivo y radiante. El odio lo puso el despotismo que averguenza y oprime a mi Patria; el amor, un hijo humilde y grande del pueblo, inteligencia lúcida y bravo corazón de héroe que hizo a su país la noble ofrenda de su sangre. ¡Cuánta efusión fraternal prodigó Manuel Arévalo, el hermano mártir, al mecanografiar estas páginas que él comprendió y amó tanto, y que –sarcasmo del destino- no vería nunca publicadas! (Edición 1987, pág. 11). Éste extraordinario texto de filosofía genuinamente indoamericana, merece le rindamos un homenaje doctrinario y releerlo –a la luz del Siglo XXI- para ratificarnos en el rumbo hayista de edificar: un Estado Promotor de la Inversión pública y privada, Regulador Inteligente del Libre Mercado, y Defensor de los sectores socioeconómicos pobres y emergentes.

La lección de Manuel Arévalo.-

Antes de su martirologio, en una reunión partidaria pronunció: “Tengamos siempre presente que el secreto de nuestra fuerza radica en nuestra fe y en nuestro espíritu de sacrificio, en nuestra organización y en nuestra disciplina. Cada semana debemos decirnos a nosotros mismos: Lo que hice ayer es poco, hoy debo superarme. Sólo así salvaremos al Perú” (Víctor Raúl. El hombre del siglo XX de Roy Soto Rivera, t. I, pág. 337). Lección que debemos retomar teniendo en cuenta la realidad del siglo XXI, de democracia y libertad; diferente y superior a la realidad de opresión de los años de Arévalo. Los apristas de ayer, lucharon fuertemente y se sacrificaron ejemplarmente, y nos dejaron un partido orgánicamente sólido, políticamente popular y moralmente respetable; atributos que se hace indispensables recuperar, para plasmar los supremos ideales de Víctor Raúl Haya de la Torre.

Pilares del Aprismo.-

FE, UNIÓN, DISCIPLINA Y ACCIÓN, son los pilares del Hayismo, que le permitieron al Partido Aprista, al Partido del Pueblo, al Partido de la Izquierda Democrática, al Partido de la Democracia Social de Pan con Libertad –no de la socialdemocracia- concepto europeo y europeísta-, pervivir a las persecuciones, destierro y cárcel, estoicamente soportado por las compañeras y compañeros, en el período del sacrificio e inmolación y holocausto de la Gran Clandestinidad; por enarbolar –y jamás arriarlas- las banderas de libertad integral, solidaridad económica, democracia funcional ahora participativa, y justicia social. Pilares a rescatar para hacer del APRA nuevamente el Partido del Pueblo del Perú, el partido de la Integración de Indoamérica, y el partido Cantera de Líderes Políticos, Cuadros Técnicos y Conductores Institucionales que, con urgencia requiere nuestros pueblos.

c. MANUEL ARÉVALO            ¡PRESENTE!

 
Beto Lajo